El Suplicio de Noriega
ATLANTA, Estados Unidos-El ex general y ex dictador panameño, Manuel Antonio Noriega, creador de una de las dictaduras más férreas y crueles que recuerden los panameños, acaba de perder su última gran batalla legal, cuando un tribunal federal de apelaciones estadounidense, ratificó su extradición a Francia, donde está acusado de practicar el lavado de dinero. Recordemos que Noriega fue depuesto del poder que ejercía de facto, mediante una invasión del ejército norteamericano a Panamá en 1989, fue llevado a los Estados Unidos, juzgado y encontrado culpable por tráfico internacional de drogas, lavado de dinero y extorsión.
Los abusos de lesa humanidad que fueron pasados en reportajes de la televisión, especialmente las vapuleadas que sus policías represivos les dieron a los líderes de la oposición, sirvieron para motivar aún más la llegada de las tropas extranjeras. Así mismo, motivó el peligro que corría el Canal interocéanico en medio de un país sumido en un régimen dictatorial. Desde el punto de vista moral, el pueblo panameño siempre lo acusó del asesinato del general Omar Torrijos (padre del actual presidente de aquella nación), cuando, presuntamente, el helicóptero en el que volaba se precipitó a tierra en forma accidental.
El ejército informó que se debió a un desperfecto técnico; pero la realidad es otra y se cree con firmeza que la mano criminal de Noriega estuvo implicada en el percance. Este personaje oscuro de la historia centroamericana, dominó a su país desde 1984 hasta su rendición el 3 de enero de 1990 a las tropas estadounidenses, presentes tres semanas antes. Fue cuando salió de la Nunciatura Apostólica donde se había refugiado. En septiembre pasado cumplió su condena de 17 años de cárcel, a los 75 años de edad.
Confiaba en que obtendría su libertad absoluta y podría disfrutar de sus millones repartidos en cuentas a nombre de amigos suyos y parientes; pero ha permanecido bajo custodia de los norteamericanos hasta que se resolviera el caso de su extradición a Francia, donde es requerido. Su defensa ha sido aguerrida, permanente y tenaz; sin embargo acaba de perder su alegato cuando el tribunal federal de los Estados Unidos resolvió enviarlo a Francia.
Su defensa argumentó durante todo el litigio que era un prisionero de guerra, algo que, evidentemente, ni el mismo Noriega lo creía. Otra posición de la defensa para salvarlo y enviarlo de regreso a Panamá, fue alegar que debía ser repatriado en conformidad con la Convención Internacional sobre el tratamiento de los prisioneros de guerra de Ginebra. No obstante, tres magistrados del Tribunal de Apelaciones estadounidense número 11, de Atlanta, decidió todo lo contrario a la solicitud del ex dictador y sus abogados.
Textualmente este es el fallo de los jueces: “Nosotros afirmamos y sostenemos que el párrafo 5 de la Ley de Comisiones Militares del 2006 (…), impide que Noriega invoque la Convención de Ginebra como una fuente de derechos humanos en procedimiento de habeas corpus y por lo tanto, denegamos el pedido de habeas de Noriega. También concluimos que la extradición no violaría esta Convención.
Noriega no logró hacer valer ninguna ley aplicable que impidiera su extradición a Francia en conformidad de extradición (de los Estados Unidos) con París.” Este fue el veredicto que acabó con las esperanzas del genocida panameño. Por su parte, un tribunal francés lo había sentenciado a 10 años de cárcel en 1999, después de su condena, en rebeldía, por varios cargos; aunque las autoridades dijeron que sería sometido a un nuevo proceso ante las acusaciones de que había ingresado US$ 3,15 millones de ganancia por el tráfico de cocaína en cuentas bancarias francesas en los años 80.
Finalmente, los magistrados de Atlanta agregaron que “Noriega tendrá la oportunidad de cuestionar esta condena (francesa), y pedir un nuevo juicio cuando sea entregado a Francia.” A pesar de su deseo de regresar a Panamá, a este personaje también le esperan en su país procesos por asesinato y corrupción. Esto es lo que se llama una vida miserable… de sentencia en sentencia y de condena en condena.