Detesté y detesto los mítines de repudio; en Cuba los viví y padecí en carne propia, también los sufrió mi madre, cuando yo me exilé, así la enfermaron insultándola, gritándole improperios en plena calle, ensordeciéndola, haciéndole bulla a toda hora frente a la puerta de la casa y la acosaron burlándose de ella sin parar. Por eso no puedo estar de acuerdo con los actos de repudio en contra de nadie y menos desde el exilio.
Dicho esto, comprendo que se pueda estar en desacuerdo con personas significativas que no se aclaran en relación al castrismo, y que un día dicen una cosa y otro día arremeten con su contraria. Ese cantinfleo hiere sensibilidades, sobre todo cuando se trata de ignorar a las víctimas y a sus familiares, y a todo un exilio al que se le ha escamoteado siempre su derecho a defenderse y a exponer sus criterios claramente…
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