Ayer fue el Día de América Latina y me invitaron a la Maison de l’Amérique Latine donde celebraron ese invento francés de llamarnos latinoamericanos. Llegué temprano, antes de que el señor Jean-Pierre Bel, presidente de la Asamblea Nacional, y según se dice casado con una cubana, diera su discurso. El salón de Brasilia estaba lleno de embajadores, políticos y hombres de negocios. Enseguida reparé en los diplomáticos cubanos.
El discurso de Bel, lo esperado: mencionó los grandes negocios que Francia avizora tener con los países emergentes latinoamericanos y con Cuba, homenajeó a Chávez diciendo que había insuflado un aliento inigualable a América Latina, añadió que había estado en Argentina, en el Memorial de las Madres de la Plaza de Mayo, comentó la buena noticia de la muerte de Videla, saludó al exilio latinoamericano (menos al cubano, claro), mencionó que había estado en Cuba, y nada más. Allí no se…
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