A este paso, el presidente de Nicaragua acabará estableciendo una dinastía hereditaria
Quién le ha visto y quién le ve… Irrumpió en la política de Nicaragua a punta de pistola, derrocó al dictador Anastasio Somoza, proclamó la revolución sandinista, se envolvió en el marxismo, se peleó con la Iglesia, confiscó, nacionalizó, y perdió las elecciones. De aquella etapa poco le queda, en apariencia, al presidente Daniel Ortega.
Para cuando volvió al poder, en 2007, ya había sustituido el negro y el caqui de su vestuario por el blanco impoluto. Las lentillas jubilaron a las gafas de gruesos vidrios. Se volvió pío y puritano. Enterrado el escándalo de los presuntos abusos sexuales contra su hijastra, Ortega se casó por la iglesia con su compañera, Rosario Murillo, y penalizó el aborto terapéutico, admitido en Nicaragua desde el siglo XIX. La piñata de los noventa —la rebatiña, entre dirigentes sandinistas, de empresas y…
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