
El análisis político empuja invariablemente a revisar la coyuntura y detenerse para visualizar el contexto, pero siempre con la mirada en el próximo turno electoral, en los candidatos y los partidos, y pocas veces en las soluciones que pueden venir de la mano del recambio institucional.
Pero otro fenómeno más relevante subyace, que proviene del humor social, de las conductas cotidianas y las expectativas particulares de sus miembros. El ritmo de los acontecimientos y la vorágine de los sucesos consumen demasiada atención, dejando atrás otras posibles lecturas, tan o más importantes, como las que se derivan de la actitud de las personas.
La política mal concebida y la democracia mal entendida se han ocupado de colocar al corto plazo como prioridad y, bajo esa perspectiva, los sueños parecen diluirse, achicándose en su trascendencia hasta casi desaparecer.
El gran motor de la humanidad ha sido siempre la…
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