Por: Fernando Dámaso
El circo y «los caballitos» —el parque de diversiones cubano— marcaron la infancia de muchas generaciones. Disfrutados por primera vez en el barrio, por lo regular ocupaban el mismo solar yermo en distintos momentos del año.
El circo aparecía con sus camiones desvencijados, transportando artistas e impedimenta, tirando de remolques, entre los cuales no podía faltar la jaula pintada de múltiples colores con el viejo león desdentado que apenas rugía, más por hambre que por tratar de infundir temor.
El circo se desplegaba rápidamente, por lo general en horas de la mañana, comenzando por el marcaje de la posición de los dos palos mayores de la carpa y de los tres vientos que sostendrían a cada uno. Luego se enterraban las seis estacas mayores que sujetarían los vientos de los dos palos, conjunto que era la base de la seguridad.
Los dos palos, izados por medio de…
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