El Señor dice:
“Les daré un nuevo corazón, y les infundiré un espíritu nuevo; les quitaré ese corazón de piedra que ahora tienen, y les pondré un corazón de carne”.
– Ezequiel 36:26 (NIV)
Crecí en Hawái y usé zapatos hasta el quinto grado. Por esto, las plantas de mis pies eran tan duras como las suelas de cualquier zapato. Ya sea que caminara en el duro pavimento, o en la arena rocosa de la playa, mis pies estaban tan duros que nunca sentí ningún tipo de incomodidad. Así mismo, nunca pude disfrutar de la suavidad de un jardín, ni sentir la grama entre los dedos de mis pies. Las plantas de los pies endurecidas privan de toda sensación para bien o para mal.
Sucede igual con los corazones. Como los pies, a través de años de contacto con superficies duras, nuestros corazones se endurecen al vivir una vida difícil. Podemos volvernos tan fríos, que no cabe en nuestros corazones el gozo que nos da Cristo a través de su amor y aceptación.
En momentos cuando notemos que nos hemos vuelto insensibles, oremos y leamos la palabra de Dios para permitirle así entrar en nuestras vidas y mostrarnos maneras cómo compartir con otros el amor a Cristo.
Autor
Sr. David Ladd (Virginia, EE. UU.)
Pensamiento para el día
Dios puede ablandar hasta el corazón más duro.
Oración
Padre Dios Todopoderoso, ablanda nuestros corazones para que podamos recibir tu amor. Amén.
Oremos: Por reconocer mi indiferencia.