Yo estaba en Cuba, viví de primera mano estos sucesos. Cuán lejos estamos hoy de aquella furia, de aquella rebeldía que enardeció por unas horas al pueblo cubano. Yo estuve allí, sé de lo que hablo, de algo verdaderamente inédito, del pueblo en las calles, de la juventud en las calles, de la ira en las calles, de la dignidad en las calles.
Las puntas de la manifestación eran mujeres con niños en brazos. Soltaron a las Brigadas de Respuestas Rápidas, la policía no vaciló en disparar. Un hospital se llenó de heridos, el anestesista de guardia era mi vecino; la gente entraba chorreando sangre, dando alaridos: «¡Abajo Fidel! ¡Abajo la dictadura!».

Por unas horas fuimos libres. Por unas horas La Habana entera clamó: «¡Libertad! ¡Libertad! ¡Libertad!». Duró poco, es verdad. Pero supimos ser libres, supimos enfrentarnos. ¿Las ratas? Escondidas como siempre. Hasta que salió la Rata Mayor, cuando ya…
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