DECENCIA Y VERDAD.
Un país que ignora y ningunea a sus escritores, es un país despreciable.
Pero, un exilio (o «eso») que prefiere a la pandilla de mentirosos en los que se han convertido los supuestos opositores, a los escritores exiliados que hemos estado durante décadas, con nuestra obra, nuestras acciones, nuestros escritos, arriesgando y luchando por la libertad de nuestro país, y perdiendo más que ganando por ellos, no sólo son piezas inservibles de un exilio desagradecido, son todavía más despreciables que el régimen que dicen enfrentar y que esos bichidisidentes y fantoches que se aprovechan del dolor ajeno para su bienestar individual y enriquecimiento personal.
Foquépete. Bah.
Zoé Valdés.