“En el café”, óleo de Isaac Israels, década 1890.
El Café de Levante, en la Barceloneta, no era, precisamente, uno de los lugares recomendables de la ciudad. Por supuesto, dicha aseveración podía aplicarse a la gente de bien, el resto encontraba allí, y en otros cafetines semejantes, un lugar donde olvidar por un rato las cotidianas desdichas. Entre sus parroquianos había traficantes de todo tipo de productos, rufianes que dejaban desplumado en un santiamén al más precavido, sobre todo si se prestaba a jugar a los dados, mujeres descarriadas y de costumbres relajadas, marineros de los buques anclados en el vecino puerto. Lo mejor de cada casa se reunía, o compartía espacio, en aquellos cafetines, luego cafés-cantante, que poco tenían que ver con los lujosos cafés del centro y del ensanche de Barcelona. Su fachada era poco llamativa ─un simple cartel anunciaba su existencia─ y su interior sobrio y…
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