Adrián Fares | Universos Literarios
Fui al colegio como en los demás días, cansado y todavía medio dormido, y en la puerta encontré a los policías. Uno tenía un mate, otros dos compartían un cigarrillo. Cerca, Bernardo, el profesor de medios audiovisuales hablaba con la monja directora.
Habían encontrado el cuerpo de Sofía. Pronto vimos llegar a la madre, que se abalanzó sobre la directora en un ataque de furia que se convirtió en abrazos y lágrimas.
Las palabras cruzaron de boca a boca, como indiscretos dardos envenenados, y pronto todos supimos que a Sofi la habían violado y asesinado. Cuando entramos al colegio ya habían retirado el cuerpo. Una silueta de tiza lo reemplazaba.
Sofi era una chica de sonrisa franca y ojos tiernos. A mí en ese momento me gustaba otra. Aunque Sofi bien me podría haber gustado porque era muy linda.
Con el profesor de medios preparábamos un cortometraje. Enseñaba por placer…
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