20 AÑOS DE UNA TRAICION
Como unos 6 meses después de mi retiro, me llamo un ex-residente de mi servicio para pedirme ayuda en un team de siquiatras que se encargarían de ayudar al niño Elián y sus familiares con sus problemas emocionales. Una de las mayores preocupaciones estaba en la inestabilidad de un tío.
Me excuse de una acción directa, pero me ofrecí como consultante y, si hacía falta, de hablar con el familiar en mi casa. Días más tarde me llamo el decano del dpto. de salud mental (del que había sido vice), para discutir del caso Elián. En su oficina, solos los dos, me expreso su preocupación (justificada) de que el suceso podía terminar (como fue), en un espectáculo político, deplorable y divisivo para la comunidad.
Llegamos a la conclusión que la mejor esperanza seria separar a las familias de influencias externas y tratar de que ambas llegaran a una solución con el fin de que fuera lo mejor para el niño. Se llamo al jefe de siquiatría infantil de UM para que enarbolara un plan, el decano se encargaría de sondear a la jefatura del Barry College, que tenia responsabilidad con la familia de Cuba y el también hablaría con la «attorney general», que le debía un favor.
Por mi parte, yo tenía que convencer a la familia de acá. Haciendo un cuento largo, corto, no fue fácil pero al fin se logro unanimidad para que nuestro dpto. presentara una acción tangible. Como nota, el decano noto una frialdad, no esperada, por parte de la abogada (Janet Reno) que atribuyo a tensión. De todas maneras, delego la decisión a su segunda en mando.
La sugerencia nuestra, consistía en alojar a las dos familias, Elián, y profesionales expertos en intervenciones familiares en un campamento de retiro (de la UM) donde sin influencia alguna de abogados, políticos, etc., llegaran a un acuerdo. La seguridad seria de parte de agentes de inmigración.
Al padre se le garantizaba el valor (como padre) de sus deseos, inclusive si fuera dejar aquí al niño (a lo Peter pan), o quedarse él. No existía un fin predeterminado, salvo lo mejor para Elián. Después de muchas más resistencias todos, incluyendo inmigración aceptaron. Días antes de la ejecución vino una llamada de los representantes del gobierno de anular la acción. Fue representada como fuerzas mayores (léase seguridad nacional).
Hable con todos los contactos (abogados, médicos y familiares) de Miami y les describí nuestro fracaso y les di mi opinión que sería mejor no hacer sufrir otro trauma a Elián y entregarlo ya que todo estaba predeterminado. Me separe del caso, salvo una entrevista que nos hicieron al jefe de siquiatría infantil (The Miami Herald) y a mi (el Nuevo Herald).
En esta discrepamos al él opinar que al joven le esperaba una vida bastante normal con su padre y yo discrepando que Fidel convertiría al niño en un agente publicitario haciéndolo ver como un ejemplo del «joven revolucionario». Sabemos que en Cuba Fidel es el único «padre» y que se le entregaba Elián a él y no a su verdadero papa. Creo, después de la foto de Elián en los periódicos, tuve la razón. Cuando me llamaron de madrugada en el medio de la captura de Elián, no me sorprendió.
Como corolario, el gobierno envió a dos colegas a hacer una determinación para el juzgado, del estado mental de Elián. Los abogados de este me llamaron para obtener referencias. Uno era hispana y la conocía personalmente por haber discutido con ella cuando hablaba de las «bondades» de Fidel.
El otro, lo conocía de nombre y era un medico de una reputación intachable. Pertenecía, al igual que yo, a una sociedad profesional muy «exclusiva» y a través de un amigo mutuo lo llame a su casa. Su esposa me informo que estaba en una reunión en San Francisco, le deje un mensaje y recibí la sorpresa de su llamada 5 minutos más tarde.
Le advertí de la volatilidad del momento, de la necesidad de hacer un examen exhaustivo e intachable y mi alegría de que él fuera uno de los examinadores advirtiéndole de mis dudas de su acompañante (por cierto no miembro de la sociedad en marras).
Me prometió que así seria y les informe a los abogados de la familia de Elián mi tranquilidad por esto. La sorpresa de todos fue cuando no se realizo un examen sino un pequeño interrogatorio a los familiares y una conclusión totalmente invalida.
Como punto final y basado en mi conversación con él, el colega fue acusado por falta de ética profesional y aunque por su historial anterior no sufrió castigo a su licencia, si tuvo que pasar el bochorno de tener que asistir al board de la sociedad, donde recibió una censura publica.
Adenda: El psiquiatra del caso radicaba en DC y tenia amistad personal con Clinton, al igual que el abogado del padre de Elián. Para reforzar lo que fue una traición de la Casa Blanca a los muchos que con buena voluntad deseaban lo mejor para el niño, fue el mismo abogado (en su momento héroe del exilio) que logro la libertad de mis compañeros brigadistas.
EPILOGO;
Al estar ya retirado mi intervención fue por correo electrónico, teléfono y unas pocas reuniones en la Universidad. Mis contactos;
Ángel Garrido, MD fue el que me llamo originalmente.
Carl Eisdorfer, Chair UM Dpt. of Mental Health
Jon Shaw, MD, Chief Child Psychiatry UM
Manny Díaz, abogado de Elián
José de la Gándara, MD se ocupo de la acusación en la Sociedad Psiquiátrica Americana de la falta de ética de los que dieron la opinión de lo mejor para el niño sin evaluarlo correctamente
Gregg Craig, abogado en el caso, amigo de los Clinton y que también ayudo al regreso de la Brigada 2506.
Fernando J. Milanés, MD