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Se desnudan mis ganas de verte ante la lascivia de tus ojos que me miran a escondidas.
Se desnuda mi alma, que pende de un hilo rojo, el mismo que creímos que nos unía, pero solo establecía la línea que nunca debimos cruzar.
Se desnudan las palabras moribundas en mi boca y aquellas otras versadas en el arte escapista que nunca debería haber pronunciado.
Se desnudan mis manos impacientes que, ociosas desde que te has ido, no saben estarse quietas y aún te buscan en el otro lado de la cama.
Y se desnudan las coartadas incompletas, las excusas baratas y las respuestas a preguntas que no formulé, quedándose el corazón al descubierto.
Enero 2017