La obediencia tiene sus alegrías: la del elogio y la recompensa; la de la despreocupación infantil; la alegría de la confianza, de la seguridad plena procurada por el padre o el jefe; la de identificarse a este y, así, ser poderoso en él, triunfar con él, estar orgulloso de sí mismo al estarlo él; la […]
a través de La obediencia y el mando — A MI MANERA

Muchísimas gracias por rebloguear, Roberto. Feliz día,
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Un placer y honor. Feliz tarde
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VISCA BARCA
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