
¿Quién soy?
Con solo observar la
mañana a través de la ventana no se podía adivinar el intenso frío que
escondían aquellos engañosos rayos de sol. Era una radiante mañana de diciembre
en la que una gélida brisa parecía penetrar hasta el mismo interior de los
huesos y dolía como si estuvieses siendo atravesado por cientos de agujas.
Pocas eran las personas que se atrevían a caminar por la calle, a pesar de que
cualquier día, a esa misma hora, el trasiego de oficinistas que saldrían a
tomar un café habría sido muy intenso. Los pocos atrevidos que se habían
aventurado a hacerlo iban bien parapetados tras recios abrigos y gruesas
bufandas de lana. Uno de ellos era yo que, a falta de otra cosa que hacer, me
inclinaba por salir a la calle a dejarme lapidar por las paredes de mi casa en
un momento de mi vida en…
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