Al descontento generalizado con la reforma autonómica de Cataluña, la ley agraria y otras medidas controvertidas, hay que sumar las palabras de Alcalá Zamora, presidente, que aseguró que el sistema partió de una Constitución hecha «para una guerra civil»
El 14 de abril de 1931 fue un día de gran regocijo popular en Madrid, Barcelona y otras ciudades principales de España. La monarquía había de repente «dimitido», sin lucha, abandonada por los mismos monárquicos, atónitos y desorientados por la rápida subida del entusiasmo republicano. La República trajo consigo una gran ilusión. No la de «la democracia» exactamente, aunque esto se invocaba también, sino especialmente la promesa del progreso, regeneración y transformación total. La realidad fue muy diferente. Los republicanos no habían ganado las elecciones municipales del 12 de abril, únicamente obtuvieron mayor porcentaje de votos en las capitales de provincia, y no en todas, por una minoría…
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