EL ALCALDE DE SAN VICENTE 21 de abril del 2021
Un orinal, bacinilla, bacinica, bacín bajo o pelela, es un recipiente en forma de cuenco empleado para recoger los excrementos y la orina. Antiguamente fabricados en cerámica, loza, hierro y diversas aleaciones, desde la aparición de los plásticos son de dicho material. Lo habitual es que dispongan de un asa.
Suele situarse debajo de la cama o en la mesilla para poder utilizarse de noche sin necesidad de acudir al cuarto de baño o cuando no hay uno disponible. También es común su uso en cualquier momento del día por personas encamadas debido a enfermedad, pudiendo servir, además, para recoger vómito, flemas y restos de enjuague.
Recuerdo que desde niño íbamos mucho a un hotel de madera en un pueblo en Pinar del Rio llamado San Vicente. Este pueblo era parte del bello y famoso Valle de Viñales. Caminábamos un trillo por los “mogotes”, camino ya preparado para turistas pero donde estábamos siempre acompañados porque existían partes resbalosas donde podíamos caer a un barranco. También recuerdo cuando a caballo recorríamos el valle y los mogotes.
En esos caminos mi padre aprovechaba para entrevistar a los guajiros (campesinos) sobre sus dietas para una investigación que estaba haciendo sobre la causa y tratamiento de una enfermedad tropical endémica llamada Sprue. Estábamos, mi hermana y yo, que teníamos que aceptar lo que los habitantes nos ofrecieran, porque un rechazo era un insulto. Conocí de estos “guajiros” su bondad, dedicación a la familia y trabajo, y sobre todo su alegría, puesto que gozaban solo por ser dueños de sí mismos.
Mi padre, medico famoso, tenía una fijación por tener siempre de noche un “orinal”. Así nació y así murió! En sus múltiples viajes al extranjero utilizaba la cubata de hielos de los hoteles. Esta realidad hizo que mi tío político Humberto Jardines, que le gustaba viajar, evitara utilizar esos receptáculos. Con los años el Hotel original fabrico uno más moderno de concreto enfrente del primero. En ese Hotel estábamos cuando sucedió una gran tragedia, el orinal se había quedado en casa.
Ni cortos, ni perezosos el chofer, Secundino, y mi tío Jardines que nos acompañaba con nuestra tía y primos en el viaje salieron al pueblo a buscar otro. En la bodega del pueblo lo pidieron, pero les dijeron que no sabían que era, ni lo tenían. Qué hacer? Dar la noticia, regresar a la Ciudad? En esa disyuntiva estaban cuando mi tío vio uno en un anaquel alto de la bodega.
Como alguien en el desierto que vislumbra un oasis, grito “eso, eso es lo que necesitamos”. El bodeguero, como si se estuviera dirigiendo a un retrasado mental, respondió “hombre, lo que Ud. quiere es un alcalde de barrio”. Sudoroso, pero feliz, mi tío pregunta “y porque el nombre?”. Pues claro, el mozo respondió, “porque todos se cagan en el!”.
Colorín, colorao este cuento (real) se ha acabao!
Fernando J. Milanés, MD