El conflicto armado duraba ya demasiado. Desde el vientre de su madre podía sentir su miedo y los estallidos de las bombas que no cesaban de caer. Quizás por eso había nacido sorda de un oído. Desde la cuna mamó el horror en los ojos de quien la amamantaba y la nana con la que se dormía cada noche era el motor de los cazas planeando sobre los tejados. Su madre le había contado que nació en un refugio antiaéreo una noche de Reyes y que un cuadro colgado sobre su cabeza casi le parte la crisma al aflojarse el clavo que lo sostenía, seguramente por las vibraciones causadas por los bombardeos que, durante horas,amenizaron su alumbramiento.
Nunca conoció a su padre. Según su madre, este murió meses antes de nacer ella por una bala perdida en un fuego cruzado que le sorprendió cuando se disponía a atender una emergencia…
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