Había una vez un elenco de personajes (sobre)viviendoen un idílico paraje de cartón piedra y comandados por unos curiosos personajillos de tebeo, a rebufo de un Sancho Panza sin Quijote. A todas las luces que a estos les faltaban, todo iba bien, hasta que un día y a verlas venir, un diminuto rey sin reino ni trono, pero con una prominente corona, vino para quedarse y diezmar tan hermoso decorado.
La cabecilla, que mucha cabeza no tenía (tal pareciera que viviera en los mundos de Yupi), se reunió en gabinete de crisis y hasta altas horas de la madrugada, con sus medio desmayados esbirros en un improvisado despacho entre los bastidores de una sombrerería de estilo inglés. Y poniendo en práctica eso de a grandes males, grandes peores remedios, como en el cuento de los tres cerd(it)os pero con los roles invertidos, sopló jodió y sopló jodió hasta que…
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