
Ypterin
Los amaneceres en Ypterin no tienen nada que ver con lo que siempre ha estado acostumbrado. Es más, el concepto de tiempo solo se puede cuantificar gracias a los relojes que aún poseen algunos y que deben estar a punto de dejar de funcionar. Ya consideran una auténtica suerte que lo hayan hecho durante todo ese tiempo, así que se sienten afortunados. Solo una tímida línea naranja que despunta en el horizonte anuncia lo que han acordado considerar como el inicio de un nuevo día. Ni siquiera corresponde con sus conocidos días, pues esta línea no se sucede cada veinticuatro horas, sino cada treinta y seis, y, además, es bastante inestable. Pero hay que conformarse.
Luis acaba de salir de su casa, el único edificio de Ypterin, una extraña construcción de acero sin ventanas, y contempla la anaranjada estría que se vislumbra en la lejanía. A su…
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