
Las instrucciones eran claras y precisas. No había espacio para la ambigüedad porque esta no hacía más que poner en jaque la obediencia debida: nos ordenaron no pensar. Obedecer sin hacernos preguntas, obedecer como robots ejecutando un obsoleto código binario desarrollado por una IA a todas luces sin ojos. […] Primero vino el caos disfrazado […]
La obediencia debida ©by mabm