
Su corazón no hacía tic-tac. Más bien sonaba como clinc-clinc. Quizás es que por corazón tenía una caja registradora, como esas sirenas, de las que habla Fito & Fitipaldis, «que dicen te quiero si ven la cartera llena». Septiembre 2025
Microcuento #423 ©by mabm