La falsa solidaridad: La izquierda española al servicio de la dictadura cubana. UN BOCHORNOSO PAPEL.
Por: Jorge L Leon
Historiador e investigador.
En los últimos años se ha vuelto frecuente observar en diversas ciudades de España actos políticos, conferencias y encuentros organizados bajo el lema de la “solidaridad con Cuba”. A primera vista podrían parecer gestos nobles de apoyo a un pueblo que atraviesa enormes dificultades económicas y sociales. Sin embargo, una mirada más rigurosa revela una realidad distinta: La solidaridad que se proclama en estos eventos rara vez está dirigida al pueblo cubano. En la práctica, termina siendo un respaldo político al sistema que lo mantiene sometido.
Uno recuerda con preocupación la acogida que determinados sectores de la izquierda española brindaron a la presentadora del programa oficialista Gabriela Fernández, invitada a múltiples conversatorios donde se repitieron, sin contradicción ni debate, los argumentos propagandísticos del régimen cubano. En esos encuentros no se habló del hambre creciente, ni del éxodo masivo, ni de la represión política que hoy define la vida cotidiana en la isla.
Algo similar ocurrió con el recibimiento dispensado a Aleida Guevara March, quien durante años ha recorrido escenarios internacionales defendiendo la narrativa oficial del sistema cubano. En estos actos no se discuten las evidencias de la crisis profunda del país; por el contrario, se construye una imagen romántica de una revolución que, en la realidad, ha producido uno de los mayores fracasos económicos y sociales del hemisferio occidental.
La pregunta resulta inevitable: ¿a quién apoyan realmente estos actos de “solidaridad”?
¿Apoyan al pueblo cubano que sufre apagones de más de veinte horas diarias, que vive con salarios que no alcanzan para cubrir necesidades básicas, que enfrenta hospitales sin medicinas ni recursos elementales?
¿O apoyan a la estructura política que ha producido esa realidad?
Cuba se ha convertido en una nación marcada por la emigración masiva. Más de tres millones de cubanos han abandonado el país en las últimas décadas, y el flujo continúa creciendo. Esta salida masiva no es un fenómeno circunstancial; es el resultado directo de un sistema político que ha cerrado las vías de prosperidad, de participación y de libertad.
En la isla no existen elecciones libres ni pluralismo político. El poder se concentra en una estructura de partido único donde las decisiones fundamentales se toman sin competencia ni alternancia. Tampoco existe libertad de prensa real, ni independencia judicial, ni garantías para quienes piensan distinto. Las protestas ciudadanas son reprimidas y la disidencia es perseguida.
Mientras tanto, la vida cotidiana del ciudadano común se degrada aceleradamente. Es habitual ver ancianos buscando alimentos en los contenedores de basura; familias enteras sobreviven gracias a remesas enviadas desde el extranjero; hospitales y farmacias carecen de recursos esenciales. La crisis energética mantiene al país en apagones constantes que paralizan la producción y deterioran aún más la calidad de vida.
Frente a esta realidad, la narrativa romántica que algunos sectores políticos europeos siguen defendiendo resulta no solo anacrónica, sino profundamente injusta con el pueblo cubano.
La verdadera solidaridad con Cuba no consiste en repetir consignas ni en aplaudir a los portavoces del poder. La solidaridad auténtica implica reconocer el sufrimiento real de la sociedad cubana, escuchar a sus ciudadanos y defender los principios universales de libertad, pluralismo y dignidad humana.
Por eso, cuando determinados grupos políticos en España organizan actos de respaldo al régimen cubano bajo la bandera de la solidaridad, conviene recordar una verdad esencial: no se puede afirmar que se apoya a un pueblo mientras se legitima al sistema que lo oprime.
La historia suele ser implacable con las ilusiones ideológicas. Tarde o temprano, la realidad termina imponiéndose sobre la propaganda.
Y cuando ese momento llegue, también quedará claro quiénes estuvieron del lado de la libertad… y quiénes prefirieron cerrar los ojos ante la tragedia de Cuba.
Jorge L. León
Historiador e investigador