EL EXILIADO POR LILO VILAPLANA

EL EXILIADO
Lilo Vilaplana

Memoria contra el olvido

Con frecuencia se repite que todos los males de Cuba se deben únicamente al embargo o “bloqueo”, y que quienes denuncian la realidad del país son “odiadores”. Pero ese discurso suele venir acompañado de un profundo olvido selectivo.

Se olvidan los fusilamientos y las largas condenas de prisión contra miles de cubanos por pensar diferente desde los primeros años del poder revolucionario. Se olvidan los actos de repudio, organizados para enfrentar a cubanos contra cubanos, y las UMAP, donde miles de jóvenes fueron enviados a campos de trabajo por sus ideas, su fe o su forma de vida.

Se olvidan también las confiscaciones de negocios, tierras y propiedades, el control absoluto de la economía y los errores que llevaron al deterioro productivo del país. Y se olvidan los éxodos masivos que marcaron la historia cubana: Operación Pedro Pan, Camarioca, los Vuelos de la Libertad y el Mariel, que separaron a familias enteras.

Muchos prefieren no recordar a presos políticos como Pedro Luis Boitel u Orlando Zapata Tamayo, ni la persecución contra opositores y activistas como las Damas de Blanco. Tampoco las tragedias que dejaron víctimas y preguntas: el remolcador 13 de Marzo, el Río Canímar, Batabanó, Bahía Honda o el derribo de las avionetas de Hermanos al Rescate.

Se olvidan los artistas censurados, los intelectuales expulsados, los médicos castigados por abandonar misiones en el exterior, y los miles de cubanos enviados a conflictos en otros países.

Reducir la tragedia cubana a una sola explicación es ignorar décadas de decisiones, abusos y errores del propio poder. Recordar estos hechos no es odio: es memoria. Y la memoria es necesaria para que un pueblo no vuelva a sufrir lo mismo

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