Latinoamérica y Obama
JOSE BRECHNER
Al manifestarse sobre Ajmadineyad por su violenta represión que dejó más de 200 muertos, Barack Obama expresó que: “no puede intervenir en la política interna de la soberana república de Irán”. Una semana después dijo que estaba “horrorizado e indignado” por los acontecimientos. Tremendas palabras que deben haber herido profundamente a Ajmadineyad que debe haber sollozado acongojadamente al haberlas escuchado.
Para definir qué hacer con Corea del Norte que tenía planeado probar un misil de largo alcance apuntando a Hawái el cuatro de Julio, uniéndose a la celebración del aniversario patrio de los Estados Unidos, dijo que “ es un asunto de grave preocupación… no encontrará la aprobación internacional”. ¡Eso se llama severidad! Kim Jong Il va a congelar su programa nuclear.
Para oponerse a la destitución constitucional de Manuel Zelaya en Honduras, que quiere ser rey como los otros bolivarianos, no durmió de nervios y, temprano, apenas llegaron los periodistas a la Casa Blanca, hizo declaraciones contundentes, y tomó acción inmediata negando su reconocimiento a Roberto Micheletti, alineándose con Chávez, Castro, Ortega, Insulza y el resto de los vividores del presupuesto venezolano.
La Constitución Política de Honduras impide tácitamente la reelección, pero al presidente norteamericano ese detalle legal no parece incumbirle. Él quiere a los bolivarianos en el poder. ¿Cómo se explica eso?
La respuesta es muy simple. Obama es un ultra izquierdista de tendencia marxista, como demostró consuetudinariamente mientras fue senador. Su ideal como el de todo marxista, es llevar a los Estados Unidos y el mundo al socialismo tradicional, conservador, totalitario y represivo.
Además es musulmán y hará todo lo que encuentre a su alcance para promover la Yijad. De ahí que no objete a Ajmadineyad ni a Chávez que son los promotores de la islamización en Latinoamérica. También concuerda en todo con el Rey de Arabia Saudita, el otro gran yijadista y financista de la construcción de las mezquitas que van cundiendo en el cono sur.
Lo que está sucediendo con Honduras es la señal de alerta a la que tenemos que estar atentos cuando se normalicen las relaciones entre Venezuela, Bolivia y los Estados Unidos. Con Venezuela ya decidieron intercambiar embajadores. Seguramente Obama ya terminó de leer el libro de Galeano que le regaló Chávez, y debe haber confirmado definitivamente que son de la misma secta.
Con Bolivia la situación es más peliaguda, porque Morales quiere continuar con la producción irrestricta de cocaína que está enriqueciendo a su gobierno y partidarios. Si vuelven los norteamericanos van a matar a la gallina de los huevos de oro.
El tema de la droga excede la avenencia política que Obama tiene con el régimen socialista. Por más que le encante ver al “primer presidente indígena en el poder”, con quien se identifica plenamente, porque él también es, “el primer mulato que llega a la Casa Blanca”. El asunto del narcotráfico involucra demasiados problemas para su sociedad que es la mayor consumidora de cocaína del mundo.
Sin embargo, es probable que después de esta demostración de solidaridad con Zelaya, Morales y Obama se reconcilien, y de a poco vayan normalizando su amistad. Para entonces el boliviano estará entre los hombres más ricos. Cuando Estados Unidos y Cuba están del mismo bando, algo muy peligroso está sucediendo. No se necesitan señales adicionales para comprender la magnitud del dilema en el que se encuentra América Latina. Si Washington no se retracta de su apoyo a Zelaya que se unió al círculo de los déspotas neocomunistas, los latinoamericanos estaremos hundidos en el más profundo pozo de nuestra historia. En realidad ya estamos pero no queremos aceptarlo.