Mientras el pintor pedófilo Agustín Bejarano, quien fue preso en Estados Unidos después de confesar su crimen: que había toqueteado (o sea violado) a un niño de cinco años en Miami hace ya su primera exposición en Cuba, tras haber regresado a la isla cual un héroe de la plástica cubana, el activista por los derechos humanos Alan Gross sigue preso en una cárcel castrista condenado a veinte años, por el mero hecho de introducir en la isla material para el uso de internet.
Ni una sola organización de los derechos del niño, y mucho menos la UNICEF, han protestado por lo primero, y ninguna otra organización por los DDHH ha organizado una campaña internacional para la libertad, no sólo de Gross, de la Dama de Blanco Sonia Garro y del disidente Ramón Alejandro Muñoz, así como del músico disidente Ángel Yunier ‘El Crítico’. Silencio absoluto sobre…
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