Me miró con los ojos exaltados, enrojecidos, juraba que saldrían de su lugar. Su pecho subía y bajaba rápidamente al compás de su respiración y sus labios se abrían de manera exagerada, pude percibir sus mandíbulas apretadas y los dientes que de vez en vez chocaban unos con otros, observé las gotitas de saliva que salían de su interior y también percibí el aumento de volumen y la violencia con la que movía las manos. Sin embargo, no podía entender.
Ella me dijo: «Si dejas que las nubes o la música modifiquen tu estado de ánimo, entonces no es tu estado de ánimo, no seas tonta. El mundo te matará si actúas así».
Ladeé mi cabeza, volví a observar sus dedos lánguidos. Mi respiración acompasada la exasperó. La miré, quise contestar y moví los labios pero en vez de mi raciocinio lo único que emití fue: «Ah». Ojalá hubiera articulado…
Ver la entrada original 499 palabras más