Nuestra crianza y vision política                             11/28 2022 [FERNANDO J. MILANES, MD]

Escribo esta introspección  después de recordar dos teorías sobre justicia social  de dos retirados profesores de Harvard.      Al ser el instinto de conservación  parte importante de nuestro ser, y la apreciación de nuestro valor  indispensable para el ego,  este escrito nos mostrara en una forma favorable.     Mi hermana Hilda, once meses mayor, y yo tuvimos la fortuna de nacer de padres profesionales y acomodados económicamente.    Desde pequeños nuestra madre, Doctora en Pedagogía y Filosofía y Letras, se ocupo de nuestra enseñanza.      Además de lo requerido, aprendimos los beneficios de leer, y conocer los placeres de la naturaleza, música clásica, entre otros.    A propósito del escrito vienen a mi mente dos cosas que nos inculcaron como básicas.     La primera fue, que nuestro origen, con muchos beneficios, no eran compartidos  por todos los niños, que era factor de suerte, fortuna que teníamos que aprovechar y agradecer  ayudando a los pobres, repartiendo nuestros juguetes y estudiando mucho para poder, cuando mayores, vivir con las mismas facilidades que ahora teníamos.    La segunda era que a nuestros amiguitos teníamos que juzgarlos por la forma que se comportaban, y no por lo que lucían o por el color de su piel.    Nuestros padres predicaron con el ejemplo y trabajaban mucho y aunque con una buena economía, sin ostentación.    Tuvimos “hermanos de crianza” que compartían nuestras vidas y mi hermana y yo desde muy pequeños aprendimos el goce que se siente cuando se comparte y ayuda a los demás, eso sí, nunca nos obligaban, aunque sabíamos que hacíamos lo que nos habían enseñado.    Creo que los dos hemos vivido nuestras vidas habiendo integrado a nuestras decisiones estas experiencias de nuestra niñez.

 Los escritos de John Rawls en “Una Teoría de la Justicia”  y la de Robert Nozick, “Anarquía, Estado y Utopía”, comienzan con la misma premisa de que todos nacemos distintos y con posibilidades externas e  inteligencia y habilidades internas superiores y/o inferiores.      Según Rawls, un brillante exponente del liberalismo y la repartición de la riqueza, nuestro deber es ignorar nuestras ventajas y ayudar a los que tienen menos, repartiendo los beneficios que con nuestras mayores habilidades y mejores circunstancias hubiéramos adquirido.    Expone que moralmente no merecemos nuestra suerte en haber nacido con estas cualidades y que por ende era responsabilidad del gobierno de igualar, (principio indispensable para él, que todos tenemos que ser semejantes), con regulaciones si fuera necesario, esta inequidad de la naturaleza.      Nozick estima lo contrario, que es moralmente inaceptable una igualdad forzada, y que va en contra de un principio más importante que la igualdad que es la libertad individual.     Aceptando nuestras diferencias hasta donde llegaría la teoría de Rawls, se pregunta Nozick,  se reparte la felicidad.    Un placer personal y gratis de una puesta de sol tiene que ser interrumpido por un trabajo forzado para que otra persona tenga dinero para ir al teatro?

Todos aspiramos a una justicia social y tenemos en este País que decidir entre vernos forzados por un gobierno a repartir nuestras riquezas y tener que utilizar nuestros beneficios materiales y sacrificar nuestras capacidades en bien del prójimo, o aceptar que nuestras diferencias son un designio de una fuerza superior y aunque hayan sido producto de suerte, no debemos sentirnos culpables de nuestra fortuna.

Nuestra crianza me lleva a sentir que una caridad forzada por un sistema de gobierno, producto de la misma naturaleza que queremos cambiar, no nos daría la felicidad y tranquilidad moral que se siente cuando la voluntad se ejercita libremente, producto de creencias y ética interna aprendida desde menor.      Creo que ayudar a los menos afortunados es un deber de todos, pero si es forzado no se llega a la distribución de la felicidad, sino a la igualdad de la miseria.     Cuando una sociedad se cree que el bienestar y la prosperidad es un derecho, y la libertad de triunfar o fracasar algo secundario, se niega lo básico de nuestra creación, que es la aceptación de nuestras desigualdades y la importancia de que lo primordial no es negar esto, sino evaluar cómo vive cada cual y como responde a las condiciones  que recibieron al nacer.    Esta premisa fue admirablemente interpretada por los creadores de este País y fundamental para haber logrado su prepotencia;   Todos nacemos con el derecho, dado por Dios, de obtener vida, riquezas y felicidad, con énfasis en la diferencia entre ser responsables de hacerlo ya que la igualdad está en la oportunidad,  no el resultado.     Este es el objetivo del Creador de nuestras vidas una libertad del individuo, no de un gobierno, lo que determina nuestras acciones.

Fernando J Milanés MD

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