CARLOS PUEBLA TRAIDOR A CUBA Y SIERVO DEL COMUNISMO IMPERIALISMO EUROPEO Y NORTEAMERICANO

Este mediocre y desconocido guitarrista de provincia, convertido en megáfono musical del castrismo más descarado, sirvió de engranaje a la maquinaria propagandística que la izquierda siempre ha usado para vender la opresión como paraíso. Carlos Puebla, el supuesto cronista del pueblo, fue en realidad un instrumento dócil bien moldeado que disfrazó de folklore la entrega servil de Cuba a las fauces del totalitarismo.

Nacido el 11 de septiembre de 1917 en Manzanillo, el personaje se mantuvo en oficios humildes hasta que el triunfo revolucionario del 1 de enero de 1959 le cambió la vida. Ahí compuso su mayor éxito, «Y en eso llegó Fidel», una guaracha que celebraba la llegada del barbudo como salvación, mientras el régimen empezaba a cerrar periódicos, ejecutar opositores y expropiar todo lo que oliera a propiedad privada. En los 60 y 70 siguió fabricando himnos que exaltaban la supuesta igualdad socialista, ignorando deliberadamente los gulags tropicales, las cárceles llenas y el éxodo masivo de cubanos que huían del paraíso prometido.

La gran mentira de Puebla fue simbolizar en canción pegajosa la destrucción sistemática de Cuba. Mientras cantaba a la revolución gloriosa, el socialismo traía racionamiento eterno, vigilancia de los comités de defensa y un caudillo vitalicio que convirtió la isla en una prisión a cielo abierto. Su música no reflejaba al pueblo: maquillaba la miseria y silenciaba las voces que denunciaban el fraude. La izquierda siempre lo protegió como «cantor del pueblo» porque necesitaba bardos que ocultaran el fracaso con ritmo de son y guarachas.

El supuesto artista del pueblo terminó siendo otro útil idiota que ayudó a consolidar el engaño castrista durante décadas, mientras el sistema político demostraba una vez más su capacidad única para empobrecer naciones enteras y transformar la esperanza en cadenas.

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